"Cuando quedas atrapado en la destrucción, debes abrir una puerta a la creación." ANAIS NIN

jueves, 30 de mayo de 2013

CUANDO YA ES TARDE:


Alguna vez tenía que despertar, cuando ya era tarde…


     Sintió que no podía. Al observarlo a su lado, le susurró: “Buenos días”, y él sonrió. Se reencontraron en aquel poderoso y seductor juego de las miradas. Él intentó abrazarla, acariciarla y volver a formar aquella tierna madeja que lo había acercado y alejado de ella toda la noche. Arco y flecha suspendidos en el aire; cuerpos desnudos, que se tornaban más hermosos con la mirada del otro. Movimientos ondulantes, profundas caricias, ternuras sedientas, conformaban el más maravilloso paisaje de aquel campo imantado del deseo.

     Se besaron, se tocaron y volvieron a ovillarse. Los movimientos eran extraños, al acariciarse se descubrían nuevas geografías. Y, en el éxtasis del deseo, "la magia" (que los había estado atemorizando toda la noche) les dio alas. Se miraron y se descubrieron, más bellos, de movimientos más cadenciosos y sinuosos; sutiles sus palabras, delicados ellos, alados. Ya la extremada temperatura de sus cuerpos se había desvanecido, ya desnudos; pero con otra piel, ya con alas, y sólo alma…

     Se izaron hacia lo alto juntos y en delicada danza sinuosa, sus alas se expandieron. Sus voces eran susurros que confesaban su eternidad. Amor y libertad eran sus promesas.


Despertaron, entonces, cuando ya era tarde…

Cuando pudieron desenredar sus miradas, sus alas se estremecieron.

Allá abajo, estaban sus cuerpos, ovillados, tal cual los habían dejado la noche anterior. Desnudos, cuidando cada uno los sueños del otro. Borrachos de placer y ternura, allí estaban, como en la noche. Pero ya sin miradas.

A su alrededor el caos. Los escombros del edificio, la gente que se agolpaba y no entendía. El ruido. Las ruinas. Y esos dos cuerpos, maravillosamente desnudos y cuidados. Rodeados ellos, de cristales rotos (una mesa, vasos, botellas y un espejo). Sábanas, aún tibias y un tango.


Se asustaron, cuando ya era tarde…


     Y decidieron bajar, para tratar de comprender y recordar, aunque el olvido no existía como palabra. Se vieron ellos, allí acostados, tan hermosos, tan llenos de ansia y miedo, tan maravillados de quietud.

     Los cristales rotos, reflejaban, para ellos, infinidad de imágenes. La gente desaparecía, con los ojos llenos de incomprensión, alguna pena y cierta envidia, sin motivo aparente.

Una vez solos, frente a ellos mismos; ella recordó ruidos ensordecedores que la habían despertado, pero eso era todo.

Él reconoció sus botellas, entre los cristales. Y encontró una petaca plateada; que ella había querido regalarle, pero ya no podía asirla entre sus manos, ya no.

La ropa de ella, revuelta, su ropa azul, la que tan bien disimulaba su niña lastimada, ya no podía asirla, ya no.

En uno de los cristales encontró la primer mirada del encuentro, y la asustó tanto como aquella vez. Él intentó recoger otro, que le mostraba la primera vez que la había besado. Había sido cierto lo que él le había prometido, sus lenguas y sus bocas habían tocado el cielo. No le había mentido.

Se encontraron con otros, donde los dos vestidos, se habían ido desnudando el alma paso a paso, lenta pero apasionadamente; con muchísimo temor, pero con la fascinación y el anisa que los envolvía a ambos.

La emoción fue aún mayor, cuando de una de las botellas de un fantástico extra brute, comenzaron a escuchar muy débilmente un tango cantado. Sus voces, las palabras precisas, las elegidas por ellos, se mezclaban con el alcohol. “Gricel”, “Te busqué hasta que un día te encontré”. la etiqueta negra, “como un loco te busqué”. Y el extra brute en sus senos se volcaba, “y con tus besos me aturdí”, y ella se los tocaba.

Y era así, en la botella sólo quedaban las palabras, que con profunda locura y convicción, se habían regalado. Él se perdía en el juego y se enredaba, ella esperaba, con paciencia y con cuidado. Es que en todo momento, ella esperaba su equivocación, el engaño, la mentira; cosas a las que estaba tan acostumbrada. Él debía matarle esta ilusión y no lo hacía, ella esperaba. -“Así una no se lastima más"- decía. Y esto no ocurría nunca. Él la asustaba, su mente tenía las alas necesarias para crear el mejor de los mundos; su corazón, la ternura desacostumbrada; y sus palabras, la belleza infinita, y el momento preciso para la verdad.

El viento descubrió el espejo, cercano a sus cabezas, y un poco cubierto por sus cabellos, les mostraba, como las imágenes de un televisor blanco y negro, los movimientos de aquellas dos figuras dentro del departamento. Pasos inciertos, cuidados, donde cada parcela del territorio estaba muy bien delimitada. Habían permanecido sentados uno frente al otro durante interminables horas. Hablándose, y escuchándose en susurros, tocándose con las palabras y desnudándose con el deseo. Ella se veía mucho más bonita a su lado, sus contornos, esperaban la caricia que no llegaba nunca y se sentía constantemente. A él lo invadía la ternura y la arrojaba contra ella, que se ahogaba. El alcohol, cumplía su tarea, era absolutamente eficaz. Siempre había más. El tiempo y la realidad se habían escapado.


Y la historia no tiene final, ya era tarde…


Quedaron solos, levantaron vuelo, se vieron allí acostados, enredados.


CAROLINA FRANCO
BS. AS. 7 DE FEBRERO DE 1998.-


lunes, 18 de marzo de 2013

YO Y MI TERCERA PERSONA:


Yo soy fuerte, ella no.
Yo soy la guerrera, ella cenicienta.
Yo me muestro, ella se escabulle.
Yo soy arco y flecha, ella bruma.

Yo soy presente y pasado, a pura lucha.
Ella lleva a cuestas el dolor de la ignorancia, la crueldad
agresiones manchadas de descontrol,
brutalidad, y espantos muchos.

Yo soy paso fuerte, firme y sostenido,
tacos, carterita, minifaldas y pelo al viento.
Ella es silueta frágil, noches solitarias
y esa angustia eterna-contenida.

Yo genero encuentros, bailo, busco.
Ella los observa, los extraña, y tiene frío.
Yo bailo frente al espejo,
Y  no soy otra que ella misma.

Laberintos, lluvia, espantos, desvaríos
muerte, ausencias, hambre y frío.
Las dos hemos vivido lo mismo.

Yo me muestro, ella escribe.
Yo pongo el cuerpo,
ella el alma.

Nadie la conoce, yo la cuido.
La han lastimado tanto!!!
Nadie llega, no hay Teseos
en sus laberintos.

Todos saben, me conocen,
me leen, y me escriben.
Ella crea mi mundo,
ella sola me conoce,
en mi completitud.
Ella entiende y me sostiene.

Ella y yo, somos la daga y la herida.
Juntas amamos, vivimos y sufrimos.
Juntas nos asustamos y desilusionamos.
Ella y yo somos la misma.
                                                                                                                            CAROLINA FRANCO
BS. AS. 21 DE JUNIO DE 2010

martes, 12 de marzo de 2013

HAY VENTANAS PARA MIRAR HACIA FUERA Y LAS HAY, PARA MIRAR HACIA ADENTRO:

      Ella, a pesar del paso inexorable del tiempo, seguía allí parada, junto al cristal. Su delgada figura se tornaba casi imperceptible, cuando la iridiscente luz de la luna la envolvía. Sus ojos denotaban alguna esperanza escondida. No tenía nombre ni apellido, tampoco tiempo.

      ¿Qué habría allá afuera? ¿Qué escondía la luna, qué le debía?

      Todas las noches el mismo ritual. La soledad comenzaba a deslizarse lentamente por el lugar, invadiéndolo todo. Sus ojos se llenaban de lágrimas, que jamás se precipitaban; la nostalgia y la tristeza se leían en sus manos, cuando las apoyaba sobre el vidrio. “Espera”, era toda una palabra…

      Dentro de aquel mundo de jardines todo gozaba de una gran armonía, el cristal la protegía de los huracanes y las tormentas; allí estaba segura. Pero… ¿Qué sucedía por las noches? ¿Por qué el paisaje cambiaba drásticamente? Los colores brillantes se tornaban fríos. El silencio invitaba a llorar, o a esperar…

      La amistad silenciosa, de la luna, la acompañaba. Le traería recuerdos, o alguna promesa incumplida, sueños rotos y nuevas esperanzas. Todo teñido de fragilidad. Ella pronto se retiraría y la otra, comenzaría su trabajo cotidiano en el jardín.

      Tantas lunas han pasado desde aquel entonces. Ella sigue allí. Sólo puede mirar hacia fuera, sólo espera. El cristal nunca se ha roto. El hechizo tampoco.

      En cuanto a él, aún no ha podido descubrir que hay otro mundo fuera de aquel maravilloso terreno. Durante el día se esconde detrás del muro de árboles lejanos. Sus hilos plateados siguen allí, no permitiendo que nadie pueda entrar. En ocasiones se tornan invisibles, pero están allí. Y, cuando la luz iridiscente los ilumina, él tampoco puede ver hacia fuera. Y, se conforma con la mirada hacia dentro.

      Tanto los sueños de la muchacha, como los de él, perece ser que se han perdido en lejanos tiempos. ¿A dónde van a parar los sueños rotos? ¿Cómo crear otros nuevos? ¿Cómo no temerles?

      La palabra tiempo los ha inmovilizado a ambos. La espera ha sido demasiado larga. La soledad los ha lastimado. Alguien deberá besarles las heridas. Solas no cicatrizan…


CAROLINA FRANCO
BS. AS. 26 DE SETIEMBRE DE 1997

sábado, 9 de marzo de 2013

CUATRO MUJERES, EL ARTE Y LA FAMILIA:



Mi madre, niña flaquita,
carita triste, rebelde, pobre.
Mi tía era su hermana,
talentosa, creativa.
Mi mamá aprendió sola,
de la escuela de la vida.
Mi tía, pianista, bailarina.
Una y otra siempre juntas,
un gran cariño.
Una y otra fueron creciendo,
las dos armaron una familia.
Se dedicaron, amorosamente, a sus hijos.

Yo aprendí a conocer a mi madre
a través de sus historias,
y sus locuras.
Mañanas de leche tibia,
y una clase de baile cotidiano.
Una biblioteca generosa.
Y tardes de fotos
y leyendas familiares.

Mi prima habrá aprendido otras cosas,
o las mismas, no lo supe.
En su casa siempre había un piano.
Mi mamá, me contaba:
-  “Si supieras como toca, es única,
talentosa, y es bailarina.”
Me mostraba sus fotos,
Y sus programas.
Me contaba historias,
yo entendía, y la admiraba.

Pasaron años, yo no ví a mi prima.
A mí tía poco,
sólo cuando se podía.
Siempre tan cariñosa,
tan cálida, y distinta.
Yo la conocía por los relatos de mi madre,
para mí fue siempre,
mi tía bailarina.

Un día de lluvia negra,
mi mamá decidió irse.
Me dejó sus fotos viejas,
su enorme biblioteca,
sus historias de familia.
Sus aprendizajes de vida.
Su visión progre
y alocada de la vida.

Quedé solita con todo eso.
Con mis dolores, nunca escasos.
Con mis tantos hijos.
Intenté rehacer mi vida.
No fue fácil, no sabía.
Junté piezas de un rompecabezas desteñido.
Pinté cada una de ellas.
Salí de laberintos.
Puse el amor de mis hijos,
arriba de la mesa,
En una cama con cereales,
muchas mañanas de domingo.

Rescaté las fotos de mi madre,
releí sus libros.
Ella me dejó tres diarios,
contando los días de su vida.
Comencé a abrir caminos.
Reinventé mi destino.
Me descubrí solita,
me puse nombre y apellido.

La vida comenzaba a ser distinta.
Reestablecí lazos.
Me amigué con mis palabras.
Tantos años escondidas.
Si me viera, mi mamá.
Qué feliz estaría!!

Heredé sus manos,
Sus patas flacas,
sus locuras.
Me dejó su amor,
sus historias, sus libros.
Y una familia de artistas.

Fui entonces a buscarlos.
Allí donde estuvieran,
muchos y dispersos.
Algunos, casi desconocidos.
Nos unía una historia.
Y una familia.

Mis hijos comprendieron,
de donde venía.
Se sumaron a mi empresa.
Celebrando la vida.
Hubo más cariños,
más momentos compartidos.

La casa de mi madre,
que es la mía,
recobró las fiestas,
los bailes, la familia.
Cambiamos los colores de la casa,
agregamos alegrías.
Salimos de laberintos,
"Ella baila sola",
bailaba en compañía.

Mis tíos, mis primos, sus hijos.
Eran muchos, son cariños.
Volví a la casa de mi tía.
Reencontré a mis primos.
Mi tía, la bailarina, la pianista,
talentosa como siempre,
mirada luminosa y creativa.

Intercambio de recuerdos,  
trazos de una identidad,
espejitos de colores,
estos no destiñen.

Mi mamá está presente.
Mi tía toca el piano.
Mi prima cuenta cuentos.
Mis hijos y yo,
lo celebramos.

Es un círculo la vida.
Todo llega nunca es tarde.
El arte atraviesa,
y ha atravesado nuestras vidas.
Puentes que he cruzado,
de un diario materno y fotos viejas.
A un presente celebrado.
Caminos de música y palabras.
Mi prima escribe cuentos y poesías.
Yo escribo cuentos y poesías.

Mi tía toca el piano,
mamá querida: “- Después de tantos años,
la he escuchado, en su piano.
He bailado con ella,
en las fiestas familiares,
Cuánta razón tenías!”
Es un círculo la vida.

CAROLINA FRANCO.-  BS. AS. - 14 DICIEMBRE 2012.-



domingo, 24 de febrero de 2013

NO VALE


No vale asustarse.
Vale mostrarse,
No vale mentir,
Es innecesario,
Inútil y penoso.

Vale decir,
Es necesario.
Vale reír,
Y ha de ser cotidiano.

No vale esconderse,
Es absurdo.
No vale ignorar,
Siempre es penoso.

No vale ocultar,
Es injusto.
Vale afrontar.

Vale ser uno mismo.
Es incondicional.
Vale ser amoroso.
Es lo que deja huella.

Vale escuchar,
No es complicado.
Y vale mirar,
Y disponer el encuentro.

CAROLINA FRANCO- Bs. As. – 28 ENERO 2012.-

sábado, 16 de febrero de 2013

¿HAY ALGUIÉN ALLÍ?



         -¿Hay alguien allí?- preguntó, en el silencio de la noche.

         -¡Por favor, vengan a buscarme!- gritó, después de mucho tiempo. Era tarde…

         Tenía frío, prendió el único botón que le quedaba a su saco; se encasquetó el gorrito, y anudó su bufanda con un aire de abrazo, de cierto cariño hacia sí misma. Buscó el último rayito de sol que iluminaba la vereda y allí se acomodó. Lloró un rato, entonces pero sólo porque le gustaba.

         El intenso frío de la madrugada la despertó, intentó acomodarse nuevamente, para seguir olvidando, pero no pudo. Al ovillarse, al acercar su bolsito a su mejilla se pinchaba. Lo golpeó varias veces, para acolchonarlo un poco más, y se volvía a lastimar. No tuvo más remedio que despertarse. El bolso no tenía nada, pero al acariciar su cara, sintió otra vez los pinchazos. Desató el cordón del bolso, revolvió un poco y sacó un espejito. Con paciencia, cuidado y, mucho tiempo por delante; comenzó a sacar una a una las lágrimas, que presas del frío, y sin destino alguno, habían ido cristalizándose, en su rostro.

         Cada una le traía el recuerdo de un llanto lejano, de otros tiempos.

         Una noche de fiesta y baile, alguna tarde de pérdida impuesta de un ser querido, el adiós eterno de un amor que pudo ser y ha huido. Y alguna melodía que otrora sabía susurrar al caminar.

         Sus mejillas quedaron liberadas de las lágrimas, acarició sus arrugas, y mirándose al espejo, se preguntó: - ¿Qué hago para quitarme las del alma?

        
CAROLINA FRANCO
BS. AS. JULIO 1998.- NOVIEMBRE 2009

miércoles, 6 de febrero de 2013

BRIGITTE Y JUAN.


Ella estará metiendo la pata,
dirá cosas inoportunas, seguramente.
Vestida de colores fuertes,
pelo lacio y pintadita.

Él, flaco y elegante;
sospecho que la está observando.
Con sus ojitos celestes,
y mirada de encanto.
Paciente, como siempre.

Tan distintos,
Tan complementarios.
Libertarios,
desprendidos, pasionarios.

Hoy estarán celebrando,
bailando una atrevida milonga.
Quizá ella está entre sus brazos,
Y el la balancea al paso etéreo
De un vals, como sólo él sabe hacerlo.

Día de recuerdos para mí,
Y de celebración para ellos.
Estamos tan lejos…
Y tan cerca de la vez.
Pero siempre en simultáneo.

Ella aparecerá en el medio de la noche,
Sorprendiendo con un canto o disfrazada.
Él se sonreirá con vergüenza,
le hablará pausadamente,
con mensajes paralelos,
como sólo él lo hace.

Y yo desde acá los sigo desfrutando,
Como si los viera.  

Los estoy viendo.
El prepara la cena,
Su carré mechado con ciruelas.
A ella siempre se le hará temprano.

Tal vez, hablen de nosotras.
De sus nietos,
sus amores, sus alegrías,
y sus tantas penas.

Mirando fotos en blanco y negro.
Plena de recuerdos y de amor.
Estoy sentada en mi lugar,
disfrutándolos, como si los viera.

Locos, divertidos,
simples, llanos, buena gente.
Feliz aniversario,  
mentores míos.

Aquí en la tierra,
En la casa, quedó su hija,
Sus nietos, sus recuerdos,
Y sus amores.

Que hoy los celebran.
A bailar… como siempre,
Brigitte y Juan…
Desde acá, los amo.

CAROLINA FRANCO.-  Bs. As.- 6 FEBRERO 2013.-