"Cuando quedas atrapado en la destrucción, debes abrir una puerta a la creación." ANAIS NIN

sábado, 9 de marzo de 2013

CUATRO MUJERES, EL ARTE Y LA FAMILIA:



Mi madre, niña flaquita,
carita triste, rebelde, pobre.
Mi tía era su hermana,
talentosa, creativa.
Mi mamá aprendió sola,
de la escuela de la vida.
Mi tía, pianista, bailarina.
Una y otra siempre juntas,
un gran cariño.
Una y otra fueron creciendo,
las dos armaron una familia.
Se dedicaron, amorosamente, a sus hijos.

Yo aprendí a conocer a mi madre
a través de sus historias,
y sus locuras.
Mañanas de leche tibia,
y una clase de baile cotidiano.
Una biblioteca generosa.
Y tardes de fotos
y leyendas familiares.

Mi prima habrá aprendido otras cosas,
o las mismas, no lo supe.
En su casa siempre había un piano.
Mi mamá, me contaba:
-  “Si supieras como toca, es única,
talentosa, y es bailarina.”
Me mostraba sus fotos,
Y sus programas.
Me contaba historias,
yo entendía, y la admiraba.

Pasaron años, yo no ví a mi prima.
A mí tía poco,
sólo cuando se podía.
Siempre tan cariñosa,
tan cálida, y distinta.
Yo la conocía por los relatos de mi madre,
para mí fue siempre,
mi tía bailarina.

Un día de lluvia negra,
mi mamá decidió irse.
Me dejó sus fotos viejas,
su enorme biblioteca,
sus historias de familia.
Sus aprendizajes de vida.
Su visión progre
y alocada de la vida.

Quedé solita con todo eso.
Con mis dolores, nunca escasos.
Con mis tantos hijos.
Intenté rehacer mi vida.
No fue fácil, no sabía.
Junté piezas de un rompecabezas desteñido.
Pinté cada una de ellas.
Salí de laberintos.
Puse el amor de mis hijos,
arriba de la mesa,
En una cama con cereales,
muchas mañanas de domingo.

Rescaté las fotos de mi madre,
releí sus libros.
Ella me dejó tres diarios,
contando los días de su vida.
Comencé a abrir caminos.
Reinventé mi destino.
Me descubrí solita,
me puse nombre y apellido.

La vida comenzaba a ser distinta.
Reestablecí lazos.
Me amigué con mis palabras.
Tantos años escondidas.
Si me viera, mi mamá.
Qué feliz estaría!!

Heredé sus manos,
Sus patas flacas,
sus locuras.
Me dejó su amor,
sus historias, sus libros.
Y una familia de artistas.

Fui entonces a buscarlos.
Allí donde estuvieran,
muchos y dispersos.
Algunos, casi desconocidos.
Nos unía una historia.
Y una familia.

Mis hijos comprendieron,
de donde venía.
Se sumaron a mi empresa.
Celebrando la vida.
Hubo más cariños,
más momentos compartidos.

La casa de mi madre,
que es la mía,
recobró las fiestas,
los bailes, la familia.
Cambiamos los colores de la casa,
agregamos alegrías.
Salimos de laberintos,
"Ella baila sola",
bailaba en compañía.

Mis tíos, mis primos, sus hijos.
Eran muchos, son cariños.
Volví a la casa de mi tía.
Reencontré a mis primos.
Mi tía, la bailarina, la pianista,
talentosa como siempre,
mirada luminosa y creativa.

Intercambio de recuerdos,  
trazos de una identidad,
espejitos de colores,
estos no destiñen.

Mi mamá está presente.
Mi tía toca el piano.
Mi prima cuenta cuentos.
Mis hijos y yo,
lo celebramos.

Es un círculo la vida.
Todo llega nunca es tarde.
El arte atraviesa,
y ha atravesado nuestras vidas.
Puentes que he cruzado,
de un diario materno y fotos viejas.
A un presente celebrado.
Caminos de música y palabras.
Mi prima escribe cuentos y poesías.
Yo escribo cuentos y poesías.

Mi tía toca el piano,
mamá querida: “- Después de tantos años,
la he escuchado, en su piano.
He bailado con ella,
en las fiestas familiares,
Cuánta razón tenías!”
Es un círculo la vida.

CAROLINA FRANCO.-  BS. AS. - 14 DICIEMBRE 2012.-



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