"Cuando quedas atrapado en la destrucción, debes abrir una puerta a la creación." ANAIS NIN

lunes, 18 de marzo de 2013

YO Y MI TERCERA PERSONA:


Yo soy fuerte, ella no.
Yo soy la guerrera, ella cenicienta.
Yo me muestro, ella se escabulle.
Yo soy arco y flecha, ella bruma.

Yo soy presente y pasado, a pura lucha.
Ella lleva a cuestas el dolor de la ignorancia, la crueldad
agresiones manchadas de descontrol,
brutalidad, y espantos muchos.

Yo soy paso fuerte, firme y sostenido,
tacos, carterita, minifaldas y pelo al viento.
Ella es silueta frágil, noches solitarias
y esa angustia eterna-contenida.

Yo genero encuentros, bailo, busco.
Ella los observa, los extraña, y tiene frío.
Yo bailo frente al espejo,
Y  no soy otra que ella misma.

Laberintos, lluvia, espantos, desvaríos
muerte, ausencias, hambre y frío.
Las dos hemos vivido lo mismo.

Yo me muestro, ella escribe.
Yo pongo el cuerpo,
ella el alma.

Nadie la conoce, yo la cuido.
La han lastimado tanto!!!
Nadie llega, no hay Teseos
en sus laberintos.

Todos saben, me conocen,
me leen, y me escriben.
Ella crea mi mundo,
ella sola me conoce,
en mi completitud.
Ella entiende y me sostiene.

Ella y yo, somos la daga y la herida.
Juntas amamos, vivimos y sufrimos.
Juntas nos asustamos y desilusionamos.
Ella y yo somos la misma.
                                                                                                                            CAROLINA FRANCO
BS. AS. 21 DE JUNIO DE 2010

martes, 12 de marzo de 2013

HAY VENTANAS PARA MIRAR HACIA FUERA Y LAS HAY, PARA MIRAR HACIA ADENTRO:

      Ella, a pesar del paso inexorable del tiempo, seguía allí parada, junto al cristal. Su delgada figura se tornaba casi imperceptible, cuando la iridiscente luz de la luna la envolvía. Sus ojos denotaban alguna esperanza escondida. No tenía nombre ni apellido, tampoco tiempo.

      ¿Qué habría allá afuera? ¿Qué escondía la luna, qué le debía?

      Todas las noches el mismo ritual. La soledad comenzaba a deslizarse lentamente por el lugar, invadiéndolo todo. Sus ojos se llenaban de lágrimas, que jamás se precipitaban; la nostalgia y la tristeza se leían en sus manos, cuando las apoyaba sobre el vidrio. “Espera”, era toda una palabra…

      Dentro de aquel mundo de jardines todo gozaba de una gran armonía, el cristal la protegía de los huracanes y las tormentas; allí estaba segura. Pero… ¿Qué sucedía por las noches? ¿Por qué el paisaje cambiaba drásticamente? Los colores brillantes se tornaban fríos. El silencio invitaba a llorar, o a esperar…

      La amistad silenciosa, de la luna, la acompañaba. Le traería recuerdos, o alguna promesa incumplida, sueños rotos y nuevas esperanzas. Todo teñido de fragilidad. Ella pronto se retiraría y la otra, comenzaría su trabajo cotidiano en el jardín.

      Tantas lunas han pasado desde aquel entonces. Ella sigue allí. Sólo puede mirar hacia fuera, sólo espera. El cristal nunca se ha roto. El hechizo tampoco.

      En cuanto a él, aún no ha podido descubrir que hay otro mundo fuera de aquel maravilloso terreno. Durante el día se esconde detrás del muro de árboles lejanos. Sus hilos plateados siguen allí, no permitiendo que nadie pueda entrar. En ocasiones se tornan invisibles, pero están allí. Y, cuando la luz iridiscente los ilumina, él tampoco puede ver hacia fuera. Y, se conforma con la mirada hacia dentro.

      Tanto los sueños de la muchacha, como los de él, perece ser que se han perdido en lejanos tiempos. ¿A dónde van a parar los sueños rotos? ¿Cómo crear otros nuevos? ¿Cómo no temerles?

      La palabra tiempo los ha inmovilizado a ambos. La espera ha sido demasiado larga. La soledad los ha lastimado. Alguien deberá besarles las heridas. Solas no cicatrizan…


CAROLINA FRANCO
BS. AS. 26 DE SETIEMBRE DE 1997

sábado, 9 de marzo de 2013

CUATRO MUJERES, EL ARTE Y LA FAMILIA:



Mi madre, niña flaquita,
carita triste, rebelde, pobre.
Mi tía era su hermana,
talentosa, creativa.
Mi mamá aprendió sola,
de la escuela de la vida.
Mi tía, pianista, bailarina.
Una y otra siempre juntas,
un gran cariño.
Una y otra fueron creciendo,
las dos armaron una familia.
Se dedicaron, amorosamente, a sus hijos.

Yo aprendí a conocer a mi madre
a través de sus historias,
y sus locuras.
Mañanas de leche tibia,
y una clase de baile cotidiano.
Una biblioteca generosa.
Y tardes de fotos
y leyendas familiares.

Mi prima habrá aprendido otras cosas,
o las mismas, no lo supe.
En su casa siempre había un piano.
Mi mamá, me contaba:
-  “Si supieras como toca, es única,
talentosa, y es bailarina.”
Me mostraba sus fotos,
Y sus programas.
Me contaba historias,
yo entendía, y la admiraba.

Pasaron años, yo no ví a mi prima.
A mí tía poco,
sólo cuando se podía.
Siempre tan cariñosa,
tan cálida, y distinta.
Yo la conocía por los relatos de mi madre,
para mí fue siempre,
mi tía bailarina.

Un día de lluvia negra,
mi mamá decidió irse.
Me dejó sus fotos viejas,
su enorme biblioteca,
sus historias de familia.
Sus aprendizajes de vida.
Su visión progre
y alocada de la vida.

Quedé solita con todo eso.
Con mis dolores, nunca escasos.
Con mis tantos hijos.
Intenté rehacer mi vida.
No fue fácil, no sabía.
Junté piezas de un rompecabezas desteñido.
Pinté cada una de ellas.
Salí de laberintos.
Puse el amor de mis hijos,
arriba de la mesa,
En una cama con cereales,
muchas mañanas de domingo.

Rescaté las fotos de mi madre,
releí sus libros.
Ella me dejó tres diarios,
contando los días de su vida.
Comencé a abrir caminos.
Reinventé mi destino.
Me descubrí solita,
me puse nombre y apellido.

La vida comenzaba a ser distinta.
Reestablecí lazos.
Me amigué con mis palabras.
Tantos años escondidas.
Si me viera, mi mamá.
Qué feliz estaría!!

Heredé sus manos,
Sus patas flacas,
sus locuras.
Me dejó su amor,
sus historias, sus libros.
Y una familia de artistas.

Fui entonces a buscarlos.
Allí donde estuvieran,
muchos y dispersos.
Algunos, casi desconocidos.
Nos unía una historia.
Y una familia.

Mis hijos comprendieron,
de donde venía.
Se sumaron a mi empresa.
Celebrando la vida.
Hubo más cariños,
más momentos compartidos.

La casa de mi madre,
que es la mía,
recobró las fiestas,
los bailes, la familia.
Cambiamos los colores de la casa,
agregamos alegrías.
Salimos de laberintos,
"Ella baila sola",
bailaba en compañía.

Mis tíos, mis primos, sus hijos.
Eran muchos, son cariños.
Volví a la casa de mi tía.
Reencontré a mis primos.
Mi tía, la bailarina, la pianista,
talentosa como siempre,
mirada luminosa y creativa.

Intercambio de recuerdos,  
trazos de una identidad,
espejitos de colores,
estos no destiñen.

Mi mamá está presente.
Mi tía toca el piano.
Mi prima cuenta cuentos.
Mis hijos y yo,
lo celebramos.

Es un círculo la vida.
Todo llega nunca es tarde.
El arte atraviesa,
y ha atravesado nuestras vidas.
Puentes que he cruzado,
de un diario materno y fotos viejas.
A un presente celebrado.
Caminos de música y palabras.
Mi prima escribe cuentos y poesías.
Yo escribo cuentos y poesías.

Mi tía toca el piano,
mamá querida: “- Después de tantos años,
la he escuchado, en su piano.
He bailado con ella,
en las fiestas familiares,
Cuánta razón tenías!”
Es un círculo la vida.

CAROLINA FRANCO.-  BS. AS. - 14 DICIEMBRE 2012.-