Mi madre,
niña flaquita,
carita
triste, rebelde, pobre.
Mi tía era
su hermana,
talentosa,
creativa.
Mi mamá aprendió
sola,
de la
escuela de la vida.
Mi tía, pianista,
bailarina.
Una y otra
siempre juntas,
un gran
cariño.
Una y otra
fueron creciendo,
las dos
armaron una familia.
Se
dedicaron, amorosamente, a sus hijos.
Yo aprendí
a conocer a mi madre
a través de
sus historias,
y sus
locuras.
Mañanas de
leche tibia,
y una clase
de baile cotidiano.
Una
biblioteca generosa.
Y tardes de
fotos
y leyendas
familiares.
Mi prima
habrá aprendido otras cosas,
o las
mismas, no lo supe.
En su casa
siempre había un piano.
Mi mamá, me
contaba:
- “Si
supieras como toca, es única,
talentosa, y es
bailarina.”
Me mostraba
sus fotos,
Y sus programas.
Me contaba
historias,
yo entendía, y la admiraba.
Pasaron
años, yo no ví a mi prima.
A mí tía
poco,
sólo cuando
se podía.
Siempre tan
cariñosa,
tan cálida,
y distinta.
Yo la
conocía por los relatos de mi madre,
para mí fue
siempre,
mi tía bailarina.
Un día de
lluvia negra,
mi mamá
decidió irse.
Me dejó sus
fotos viejas,
su enorme
biblioteca,
sus
historias de familia.
Sus
aprendizajes de vida.
Su visión
progre
y alocada
de la vida.
Quedé
solita con todo eso.
Con mis
dolores, nunca escasos.
Con mis
tantos hijos.
Intenté
rehacer mi vida.
No fue
fácil, no sabía.
Junté
piezas de un rompecabezas desteñido.
Pinté cada
una de ellas.
Salí de
laberintos.
Puse el
amor de mis hijos,
arriba de
la mesa,
En una cama
con cereales,
muchas
mañanas de domingo.
Rescaté las
fotos de mi madre,
releí sus
libros.
Ella me
dejó tres diarios,
contando
los días de su vida.
Comencé a
abrir caminos.
Reinventé
mi destino.
Me descubrí
solita,
me puse
nombre y apellido.
La vida
comenzaba a ser distinta.
Reestablecí
lazos.
Me amigué
con mis palabras.
Tantos años
escondidas.
Si me
viera, mi mamá.
Qué feliz
estaría!!
Heredé sus
manos,
Sus patas
flacas,
sus
locuras.
Me dejó su
amor,
sus
historias, sus libros.
Y una
familia de artistas.
Fui entonces
a buscarlos.
Allí donde
estuvieran,
muchos y
dispersos.
Algunos,
casi desconocidos.
Nos unía
una historia.
Y una
familia.
Mis hijos
comprendieron,
de donde
venía.
Se sumaron
a mi empresa.
Celebrando
la vida.
Hubo más
cariños,
más
momentos compartidos.
La casa de
mi madre,
que es la
mía,
recobró las
fiestas,
los bailes,
la familia.
Cambiamos
los colores de la casa,
agregamos
alegrías.
Salimos de
laberintos,
"Ella baila
sola",
bailaba en
compañía.
Mis tíos,
mis primos, sus hijos.
Eran muchos,
son cariños.
Volví a la
casa de mi tía.
Reencontré
a mis primos.
Mi tía, la
bailarina, la pianista,
talentosa
como siempre,
mirada luminosa
y creativa.
Intercambio
de recuerdos,
trazos de
una identidad,
espejitos
de colores,
estos no
destiñen.
Mi mamá
está presente.
Mi tía toca
el piano.
Mi prima
cuenta cuentos.
Mis hijos y
yo,
lo
celebramos.
Es un
círculo la vida.
Todo llega
nunca es tarde.
El arte
atraviesa,
y ha
atravesado nuestras vidas.
Puentes que
he cruzado,
de un
diario materno y fotos viejas.
A un
presente celebrado.
Caminos de
música y palabras.
Mi prima
escribe cuentos y poesías.
Yo escribo
cuentos y poesías.
Mi tía toca
el piano,
mamá
querida: “- Después de tantos años,
la he
escuchado, en su piano.
He bailado
con ella,
en las
fiestas familiares,
Cuánta
razón tenías!”
Es un
círculo la vida.
CAROLINA
FRANCO.- BS. AS. - 14 DICIEMBRE 2012.-