"Cuando quedas atrapado en la destrucción, debes abrir una puerta a la creación." ANAIS NIN

martes, 12 de marzo de 2013

HAY VENTANAS PARA MIRAR HACIA FUERA Y LAS HAY, PARA MIRAR HACIA ADENTRO:

      Ella, a pesar del paso inexorable del tiempo, seguía allí parada, junto al cristal. Su delgada figura se tornaba casi imperceptible, cuando la iridiscente luz de la luna la envolvía. Sus ojos denotaban alguna esperanza escondida. No tenía nombre ni apellido, tampoco tiempo.

      ¿Qué habría allá afuera? ¿Qué escondía la luna, qué le debía?

      Todas las noches el mismo ritual. La soledad comenzaba a deslizarse lentamente por el lugar, invadiéndolo todo. Sus ojos se llenaban de lágrimas, que jamás se precipitaban; la nostalgia y la tristeza se leían en sus manos, cuando las apoyaba sobre el vidrio. “Espera”, era toda una palabra…

      Dentro de aquel mundo de jardines todo gozaba de una gran armonía, el cristal la protegía de los huracanes y las tormentas; allí estaba segura. Pero… ¿Qué sucedía por las noches? ¿Por qué el paisaje cambiaba drásticamente? Los colores brillantes se tornaban fríos. El silencio invitaba a llorar, o a esperar…

      La amistad silenciosa, de la luna, la acompañaba. Le traería recuerdos, o alguna promesa incumplida, sueños rotos y nuevas esperanzas. Todo teñido de fragilidad. Ella pronto se retiraría y la otra, comenzaría su trabajo cotidiano en el jardín.

      Tantas lunas han pasado desde aquel entonces. Ella sigue allí. Sólo puede mirar hacia fuera, sólo espera. El cristal nunca se ha roto. El hechizo tampoco.

      En cuanto a él, aún no ha podido descubrir que hay otro mundo fuera de aquel maravilloso terreno. Durante el día se esconde detrás del muro de árboles lejanos. Sus hilos plateados siguen allí, no permitiendo que nadie pueda entrar. En ocasiones se tornan invisibles, pero están allí. Y, cuando la luz iridiscente los ilumina, él tampoco puede ver hacia fuera. Y, se conforma con la mirada hacia dentro.

      Tanto los sueños de la muchacha, como los de él, perece ser que se han perdido en lejanos tiempos. ¿A dónde van a parar los sueños rotos? ¿Cómo crear otros nuevos? ¿Cómo no temerles?

      La palabra tiempo los ha inmovilizado a ambos. La espera ha sido demasiado larga. La soledad los ha lastimado. Alguien deberá besarles las heridas. Solas no cicatrizan…


CAROLINA FRANCO
BS. AS. 26 DE SETIEMBRE DE 1997

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