Ella, a pesar del paso inexorable del
tiempo, seguía allí parada, junto al cristal. Su delgada figura se tornaba casi
imperceptible, cuando la iridiscente luz de la luna la envolvía. Sus ojos denotaban
alguna esperanza escondida. No tenía nombre ni apellido, tampoco tiempo.
¿Qué habría allá afuera? ¿Qué escondía la
luna, qué le debía?
Todas las noches el mismo ritual. La
soledad comenzaba a deslizarse lentamente por el lugar, invadiéndolo todo. Sus
ojos se llenaban de lágrimas, que jamás se precipitaban; la nostalgia y la
tristeza se leían en sus manos, cuando las apoyaba sobre el vidrio. “Espera”,
era toda una palabra…
Dentro de aquel mundo de jardines todo
gozaba de una gran armonía, el cristal la protegía de los huracanes y las
tormentas; allí estaba segura. Pero… ¿Qué sucedía por las noches? ¿Por qué el
paisaje cambiaba drásticamente? Los colores brillantes se tornaban fríos. El
silencio invitaba a llorar, o a esperar…
La amistad silenciosa, de la luna, la
acompañaba. Le traería recuerdos, o alguna promesa incumplida, sueños rotos y
nuevas esperanzas. Todo teñido de fragilidad. Ella pronto se retiraría y la
otra, comenzaría su trabajo cotidiano en el jardín.
Tantas lunas han pasado desde aquel
entonces. Ella sigue allí. Sólo puede mirar hacia fuera, sólo espera. El
cristal nunca se ha roto. El hechizo tampoco.
En cuanto a él, aún no ha podido descubrir
que hay otro mundo fuera de aquel maravilloso terreno. Durante el día se
esconde detrás del muro de árboles lejanos. Sus hilos plateados siguen allí, no
permitiendo que nadie pueda entrar. En ocasiones se tornan invisibles, pero
están allí. Y, cuando la luz iridiscente los ilumina, él tampoco puede ver
hacia fuera. Y, se conforma con la mirada hacia dentro.
Tanto los sueños de la muchacha, como los
de él, perece ser que se han perdido en lejanos tiempos. ¿A dónde van a parar
los sueños rotos? ¿Cómo crear otros nuevos? ¿Cómo no temerles?
La palabra tiempo los ha inmovilizado a
ambos. La espera ha sido demasiado larga. La soledad los ha lastimado. Alguien
deberá besarles las heridas. Solas no cicatrizan…
CAROLINA FRANCO
BS. AS. 26 DE SETIEMBRE DE 1997
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