Dicho en susurros
"En un instante surge una idea, un pensamiento efímero, o un sentimiento travieso. Poco a poco toma forma, y se puebla de palabras. Palabras que se gritan a los cuatro vientos, o que se esconden detrás de una hoja de papel y van a parar a un desprolijo escritorio. Hay otras, que simplemente las susurro." CAROLINA FRANCO.
"Cuando quedas atrapado en la destrucción, debes abrir una puerta a la creación." ANAIS NIN
jueves, 30 de mayo de 2013
CUANDO YA ES TARDE:
Alguna vez tenía que despertar, cuando ya era tarde…
Sintió que no podía. Al observarlo a su lado, le susurró: “Buenos días”, y él sonrió. Se reencontraron en aquel poderoso y seductor juego de las miradas. Él intentó abrazarla, acariciarla y volver a formar aquella tierna madeja que lo había acercado y alejado de ella toda la noche. Arco y flecha suspendidos en el aire; cuerpos desnudos, que se tornaban más hermosos con la mirada del otro. Movimientos ondulantes, profundas caricias, ternuras sedientas, conformaban el más maravilloso paisaje de aquel campo imantado del deseo.
Se besaron, se tocaron y volvieron a ovillarse. Los movimientos eran extraños, al acariciarse se descubrían nuevas geografías. Y, en el éxtasis del deseo, "la magia" (que los había estado atemorizando toda la noche) les dio alas. Se miraron y se descubrieron, más bellos, de movimientos más cadenciosos y sinuosos; sutiles sus palabras, delicados ellos, alados. Ya la extremada temperatura de sus cuerpos se había desvanecido, ya desnudos; pero con otra piel, ya con alas, y sólo alma…
Se izaron hacia lo alto juntos y en delicada danza sinuosa, sus alas se expandieron. Sus voces eran susurros que confesaban su eternidad. Amor y libertad eran sus promesas.
Despertaron, entonces, cuando ya era tarde…
Cuando pudieron desenredar sus miradas, sus alas se estremecieron.
Allá abajo, estaban sus cuerpos, ovillados, tal cual los habían dejado la noche anterior. Desnudos, cuidando cada uno los sueños del otro. Borrachos de placer y ternura, allí estaban, como en la noche. Pero ya sin miradas.
A su alrededor el caos. Los escombros del edificio, la gente que se agolpaba y no entendía. El ruido. Las ruinas. Y esos dos cuerpos, maravillosamente desnudos y cuidados. Rodeados ellos, de cristales rotos (una mesa, vasos, botellas y un espejo). Sábanas, aún tibias y un tango.
Se asustaron, cuando ya era tarde…
Y decidieron bajar, para tratar de comprender y recordar, aunque el olvido no existía como palabra. Se vieron ellos, allí acostados, tan hermosos, tan llenos de ansia y miedo, tan maravillados de quietud.
Los cristales rotos, reflejaban, para ellos, infinidad de imágenes. La gente desaparecía, con los ojos llenos de incomprensión, alguna pena y cierta envidia, sin motivo aparente.
Una vez solos, frente a ellos mismos; ella recordó ruidos ensordecedores que la habían despertado, pero eso era todo.
Él reconoció sus botellas, entre los cristales. Y encontró una petaca plateada; que ella había querido regalarle, pero ya no podía asirla entre sus manos, ya no.
La ropa de ella, revuelta, su ropa azul, la que tan bien disimulaba su niña lastimada, ya no podía asirla, ya no.
En uno de los cristales encontró la primer mirada del encuentro, y la asustó tanto como aquella vez. Él intentó recoger otro, que le mostraba la primera vez que la había besado. Había sido cierto lo que él le había prometido, sus lenguas y sus bocas habían tocado el cielo. No le había mentido.
Se encontraron con otros, donde los dos vestidos, se habían ido desnudando el alma paso a paso, lenta pero apasionadamente; con muchísimo temor, pero con la fascinación y el anisa que los envolvía a ambos.
La emoción fue aún mayor, cuando de una de las botellas de un fantástico extra brute, comenzaron a escuchar muy débilmente un tango cantado. Sus voces, las palabras precisas, las elegidas por ellos, se mezclaban con el alcohol. “Gricel”, “Te busqué hasta que un día te encontré”. la etiqueta negra, “como un loco te busqué”. Y el extra brute en sus senos se volcaba, “y con tus besos me aturdí”, y ella se los tocaba.
Y era así, en la botella sólo quedaban las palabras, que con profunda locura y convicción, se habían regalado. Él se perdía en el juego y se enredaba, ella esperaba, con paciencia y con cuidado. Es que en todo momento, ella esperaba su equivocación, el engaño, la mentira; cosas a las que estaba tan acostumbrada. Él debía matarle esta ilusión y no lo hacía, ella esperaba. -“Así una no se lastima más"- decía. Y esto no ocurría nunca. Él la asustaba, su mente tenía las alas necesarias para crear el mejor de los mundos; su corazón, la ternura desacostumbrada; y sus palabras, la belleza infinita, y el momento preciso para la verdad.
El viento descubrió el espejo, cercano a sus cabezas, y un poco cubierto por sus cabellos, les mostraba, como las imágenes de un televisor blanco y negro, los movimientos de aquellas dos figuras dentro del departamento. Pasos inciertos, cuidados, donde cada parcela del territorio estaba muy bien delimitada. Habían permanecido sentados uno frente al otro durante interminables horas. Hablándose, y escuchándose en susurros, tocándose con las palabras y desnudándose con el deseo. Ella se veía mucho más bonita a su lado, sus contornos, esperaban la caricia que no llegaba nunca y se sentía constantemente. A él lo invadía la ternura y la arrojaba contra ella, que se ahogaba. El alcohol, cumplía su tarea, era absolutamente eficaz. Siempre había más. El tiempo y la realidad se habían escapado.
Y la historia no tiene final, ya era tarde…
Quedaron solos, levantaron vuelo, se vieron allí acostados, enredados.
CAROLINA FRANCO
BS. AS. 7 DE FEBRERO DE 1998.-
lunes, 18 de marzo de 2013
YO Y MI TERCERA PERSONA:
Yo soy fuerte, ella no.
Yo soy la guerrera, ella cenicienta.
Yo me muestro, ella se escabulle.
Yo soy arco y flecha, ella bruma.
Yo soy presente y pasado, a pura lucha.
Ella lleva a cuestas el dolor de la ignorancia, la crueldad
agresiones manchadas de descontrol,
brutalidad, y espantos muchos.
Yo soy paso fuerte, firme y sostenido,
tacos, carterita, minifaldas y pelo al viento.
Ella es silueta frágil, noches solitarias
y esa angustia eterna-contenida.
Yo genero encuentros, bailo, busco.
Ella los observa, los extraña, y tiene frío.
Yo bailo frente al espejo,
Y no soy otra que
ella misma.
Laberintos, lluvia, espantos, desvaríos
muerte, ausencias, hambre y frío.
Las dos hemos vivido lo mismo.
Yo me muestro, ella escribe.
Yo pongo el cuerpo,
ella el alma.
Nadie la conoce, yo la cuido.
La han lastimado tanto!!!
Nadie llega, no hay Teseos
en sus laberintos.
Todos saben, me conocen,
me leen, y me escriben.
Ella crea mi mundo,
ella sola me conoce,
en mi completitud.
Ella entiende y me sostiene.
Ella y yo, somos la daga y la herida.
Juntas amamos, vivimos y sufrimos.
Juntas nos asustamos y desilusionamos.
Ella y yo somos la misma.
BS. AS. 21 DE JUNIO DE 2010
martes, 12 de marzo de 2013
HAY VENTANAS PARA MIRAR HACIA FUERA Y LAS HAY, PARA MIRAR HACIA ADENTRO:
Ella, a pesar del paso inexorable del
tiempo, seguía allí parada, junto al cristal. Su delgada figura se tornaba casi
imperceptible, cuando la iridiscente luz de la luna la envolvía. Sus ojos denotaban
alguna esperanza escondida. No tenía nombre ni apellido, tampoco tiempo.
¿Qué habría allá afuera? ¿Qué escondía la
luna, qué le debía?
Todas las noches el mismo ritual. La
soledad comenzaba a deslizarse lentamente por el lugar, invadiéndolo todo. Sus
ojos se llenaban de lágrimas, que jamás se precipitaban; la nostalgia y la
tristeza se leían en sus manos, cuando las apoyaba sobre el vidrio. “Espera”,
era toda una palabra…
Dentro de aquel mundo de jardines todo
gozaba de una gran armonía, el cristal la protegía de los huracanes y las
tormentas; allí estaba segura. Pero… ¿Qué sucedía por las noches? ¿Por qué el
paisaje cambiaba drásticamente? Los colores brillantes se tornaban fríos. El
silencio invitaba a llorar, o a esperar…
La amistad silenciosa, de la luna, la
acompañaba. Le traería recuerdos, o alguna promesa incumplida, sueños rotos y
nuevas esperanzas. Todo teñido de fragilidad. Ella pronto se retiraría y la
otra, comenzaría su trabajo cotidiano en el jardín.
Tantas lunas han pasado desde aquel
entonces. Ella sigue allí. Sólo puede mirar hacia fuera, sólo espera. El
cristal nunca se ha roto. El hechizo tampoco.
En cuanto a él, aún no ha podido descubrir
que hay otro mundo fuera de aquel maravilloso terreno. Durante el día se
esconde detrás del muro de árboles lejanos. Sus hilos plateados siguen allí, no
permitiendo que nadie pueda entrar. En ocasiones se tornan invisibles, pero
están allí. Y, cuando la luz iridiscente los ilumina, él tampoco puede ver
hacia fuera. Y, se conforma con la mirada hacia dentro.
Tanto los sueños de la muchacha, como los
de él, perece ser que se han perdido en lejanos tiempos. ¿A dónde van a parar
los sueños rotos? ¿Cómo crear otros nuevos? ¿Cómo no temerles?
La palabra tiempo los ha inmovilizado a
ambos. La espera ha sido demasiado larga. La soledad los ha lastimado. Alguien
deberá besarles las heridas. Solas no cicatrizan…
CAROLINA FRANCO
BS. AS. 26 DE SETIEMBRE DE 1997
sábado, 9 de marzo de 2013
CUATRO MUJERES, EL ARTE Y LA FAMILIA:
Mi madre,
niña flaquita,
carita
triste, rebelde, pobre.
Mi tía era
su hermana,
talentosa,
creativa.
Mi mamá aprendió
sola,
de la
escuela de la vida.
Mi tía, pianista,
bailarina.
Una y otra
siempre juntas,
un gran
cariño.
Una y otra
fueron creciendo,
las dos
armaron una familia.
Se
dedicaron, amorosamente, a sus hijos.
Yo aprendí
a conocer a mi madre
a través de
sus historias,
y sus
locuras.
Mañanas de
leche tibia,
y una clase
de baile cotidiano.
Una
biblioteca generosa.
Y tardes de
fotos
y leyendas
familiares.
Mi prima
habrá aprendido otras cosas,
o las
mismas, no lo supe.
En su casa
siempre había un piano.
Mi mamá, me
contaba:
- “Si
supieras como toca, es única,
talentosa, y es
bailarina.”
Me mostraba
sus fotos,
Y sus programas.
Me contaba
historias,
yo entendía, y la admiraba.
Pasaron
años, yo no ví a mi prima.
A mí tía
poco,
sólo cuando
se podía.
Siempre tan
cariñosa,
tan cálida,
y distinta.
Yo la
conocía por los relatos de mi madre,
para mí fue
siempre,
mi tía bailarina.
Un día de
lluvia negra,
mi mamá
decidió irse.
Me dejó sus
fotos viejas,
su enorme
biblioteca,
sus
historias de familia.
Sus
aprendizajes de vida.
Su visión
progre
y alocada
de la vida.
Quedé
solita con todo eso.
Con mis
dolores, nunca escasos.
Con mis
tantos hijos.
Intenté
rehacer mi vida.
No fue
fácil, no sabía.
Junté
piezas de un rompecabezas desteñido.
Pinté cada
una de ellas.
Salí de
laberintos.
Puse el
amor de mis hijos,
arriba de
la mesa,
En una cama
con cereales,
muchas
mañanas de domingo.
Rescaté las
fotos de mi madre,
releí sus
libros.
Ella me
dejó tres diarios,
contando
los días de su vida.
Comencé a
abrir caminos.
Reinventé
mi destino.
Me descubrí
solita,
me puse
nombre y apellido.
La vida
comenzaba a ser distinta.
Reestablecí
lazos.
Me amigué
con mis palabras.
Tantos años
escondidas.
Si me
viera, mi mamá.
Qué feliz
estaría!!
Heredé sus
manos,
Sus patas
flacas,
sus
locuras.
Me dejó su
amor,
sus
historias, sus libros.
Y una
familia de artistas.
Fui entonces
a buscarlos.
Allí donde
estuvieran,
muchos y
dispersos.
Algunos,
casi desconocidos.
Nos unía
una historia.
Y una
familia.
Mis hijos
comprendieron,
de donde
venía.
Se sumaron
a mi empresa.
Celebrando
la vida.
Hubo más
cariños,
más
momentos compartidos.
La casa de
mi madre,
que es la
mía,
recobró las
fiestas,
los bailes,
la familia.
Cambiamos
los colores de la casa,
agregamos
alegrías.
Salimos de
laberintos,
"Ella baila
sola",
bailaba en
compañía.
Mis tíos,
mis primos, sus hijos.
Eran muchos,
son cariños.
Volví a la
casa de mi tía.
Reencontré
a mis primos.
Mi tía, la
bailarina, la pianista,
talentosa
como siempre,
mirada luminosa
y creativa.
Intercambio
de recuerdos,
trazos de
una identidad,
espejitos
de colores,
estos no
destiñen.
Mi mamá
está presente.
Mi tía toca
el piano.
Mi prima
cuenta cuentos.
Mis hijos y
yo,
lo
celebramos.
Es un
círculo la vida.
Todo llega
nunca es tarde.
El arte
atraviesa,
y ha
atravesado nuestras vidas.
Puentes que
he cruzado,
de un
diario materno y fotos viejas.
A un
presente celebrado.
Caminos de
música y palabras.
Mi prima
escribe cuentos y poesías.
Yo escribo
cuentos y poesías.
Mi tía toca
el piano,
mamá
querida: “- Después de tantos años,
la he
escuchado, en su piano.
He bailado
con ella,
en las
fiestas familiares,
Cuánta
razón tenías!”
Es un
círculo la vida.
CAROLINA
FRANCO.- BS. AS. - 14 DICIEMBRE 2012.-
domingo, 24 de febrero de 2013
NO VALE
No vale asustarse.
Vale mostrarse,
No vale mentir,
Es innecesario,
Inútil y penoso.
Vale decir,
Es necesario.
Vale reír,
Y ha de ser cotidiano.
No vale esconderse,
Es absurdo.
No vale ignorar,
Siempre es penoso.
No vale ocultar,
Es injusto.
Vale afrontar.
Vale ser uno mismo.
Es incondicional.
Vale ser amoroso.
Es lo que deja huella.
Vale escuchar,
No es complicado.
Y vale mirar,
Y disponer el encuentro.
CAROLINA FRANCO- Bs. As. – 28 ENERO 2012.-
sábado, 16 de febrero de 2013
¿HAY ALGUIÉN ALLÍ?
-¿Hay alguien allí?- preguntó, en el silencio de la noche.
-¡Por favor, vengan a buscarme!- gritó,
después de mucho tiempo. Era tarde…
Tenía frío, prendió el único botón que
le quedaba a su saco; se encasquetó el gorrito, y anudó su bufanda con un aire
de abrazo, de cierto cariño hacia sí misma. Buscó el último rayito de sol que
iluminaba la vereda y allí se acomodó. Lloró un rato, entonces pero sólo porque
le gustaba.
El intenso frío de la madrugada la
despertó, intentó acomodarse nuevamente, para seguir olvidando, pero no pudo.
Al ovillarse, al acercar su bolsito a su mejilla se pinchaba. Lo golpeó varias
veces, para acolchonarlo un poco más, y se volvía a lastimar. No tuvo más
remedio que despertarse. El bolso no tenía nada, pero al acariciar su cara,
sintió otra vez los pinchazos. Desató el cordón del bolso, revolvió un poco y
sacó un espejito. Con paciencia, cuidado y, mucho tiempo por delante; comenzó a
sacar una a una las lágrimas, que presas del frío, y sin destino alguno, habían
ido cristalizándose, en su rostro.
Cada una le traía el recuerdo de un
llanto lejano, de otros tiempos.
Una noche de fiesta y baile, alguna
tarde de pérdida impuesta de un ser querido, el adiós eterno de un amor que
pudo ser y ha huido. Y alguna melodía que otrora sabía susurrar al caminar.
Sus mejillas quedaron liberadas de las
lágrimas, acarició sus arrugas, y mirándose al espejo, se preguntó: - ¿Qué hago
para quitarme las del alma?
CAROLINA FRANCO
BS. AS. JULIO 1998.- NOVIEMBRE 2009
miércoles, 6 de febrero de 2013
BRIGITTE Y JUAN.
Ella estará metiendo la pata,
dirá cosas inoportunas, seguramente.
Vestida de colores fuertes,
pelo lacio y pintadita.
Él, flaco y elegante;
sospecho que la está observando.
Con sus ojitos celestes,
y mirada de encanto.
Paciente, como siempre.
Tan distintos,
Tan complementarios.
Libertarios,
desprendidos, pasionarios.
Hoy estarán celebrando,
bailando una atrevida milonga.
Quizá ella está entre sus brazos,
Y el la balancea al paso etéreo
De un vals, como sólo él sabe hacerlo.
Día de recuerdos para mí,
Y de celebración para ellos.
Estamos tan lejos…
Y tan cerca de la vez.
Pero siempre en simultáneo.
Ella aparecerá en el medio de la noche,
Sorprendiendo con un canto o disfrazada.
Él se sonreirá con vergüenza,
le hablará pausadamente,
con mensajes paralelos,
como sólo él lo hace.
Y yo desde acá los sigo desfrutando,
Como si los viera.
Los estoy viendo.
El prepara la cena,
Su carré mechado con ciruelas.
A ella siempre se le hará temprano.
Tal vez, hablen de nosotras.
De sus nietos,
sus amores, sus alegrías,
y sus tantas penas.
Mirando fotos en blanco y negro.
Plena de recuerdos y de amor.
Estoy sentada en mi lugar,
disfrutándolos, como si los viera.
Locos, divertidos,
simples, llanos, buena gente.
Feliz aniversario,
mentores míos.
Aquí en la tierra,
En la casa, quedó su hija,
Sus nietos, sus recuerdos,
Y sus amores.
Que hoy los celebran.
A bailar… como siempre,
Brigitte y Juan…
Desde acá, los amo.
CAROLINA FRANCO.- Bs. As.- 6 FEBRERO 2013.-
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