"Cuando quedas atrapado en la destrucción, debes abrir una puerta a la creación." ANAIS NIN

miércoles, 28 de marzo de 2012

Miedo y prejuicios. Un espejo y alas rotos.


Los mató la ausencia, el destiempo, años de penumbra vidas en paralelos lejanos y contantes, dolorosos. Y el miedo.

Sólo han quedado en sus manos pequeños gestos de otros tiempos, de encuentros secretos, robados a la historia, instantes de felicidad efímeros, pero que los han marcado para siempre. Y sólo han dejado una estela de nostalgia y la más angustiosa de las incertidumbres de lo posible, de la duda eterna. Que se ha tornado tan ilógica y cruel, tan injusta como determinante.

Arrastrando sus penas, sus dolores escondidos y sospechados, se han vuelto a ver después de tanto. Y había sido mucho.

Cuando todos se han marchado, sus recuerdos vuelven a levantarse, los despiertan y los revuelcan en un laberinto de infortunio y lujuria, de sensaciones encontradas y contradicciones.
Con el quiero en una mano y en la otra las inseguridades y los miedos que lo tornan todo un imposible. Los prejuicios y las armas en la cartera.

Ella sueña, baila sola, labios truncos, ineficaces. Piel y llagas, lágrimas de cristal. Vidrios rotos de un espejo memorioso. Le han quedado incrustados en un ala, que aunque mancillada, le ha permitido volar; aunque en búsqueda trunca, hacia un cielo de penumbras.

Él se muestra, sólo un poco, no es feliz, pero no importa, hace lo que debe y lo hace bien. Pero solo. Esa sensación es compartida. Conocida y torturante, para ambos. Triunfadores de hojalata. Los recuerdos lo despiertan, la piel llama. Y una noche, de verano trasnochado, un teléfono se descubre poblado de palabras. La ternura y el deseo, el mismo de siempre, el asombroso y acostumbrado, aquel de tantos años;  van de la mano por el mismo camino, y el mañana ya no es tarde. Tiene nombre y apellido.

Danza lujuriosa de palabras, el deseo se despabila, la despierta del letargo. La piel, llama. Sin creerlo, el hado les devuelve, las fotos viejas del pasado. Y el todo, y la nada se  transforman en posibles.

Tantas idas, tantas vueltas; y siempre el mismo desencuentro. El miedo, generalmente traicionero, les retrasa, les esconde siempre, la caricia añorada.

¿Será cierto? Han pasado tantos años... Él que siempre se asusta, y ella que abruma sin saberlo. No han podido, nunca fueron realidad, sólo sueños, o sospechas compartidas. Hubo instantes de certezas. Pero tantos años, la piel llama.

         Y un deseo, un espejo, el mismo de siempre acostumbrado, no se asusta, sólo mira satisfecho. Ovillo blanco y negro, dulcemente enmarañados. La lujuria, la música y sus figuras, delfines en mitad del salto. Surcos perfectamente diseñados. Arco y flecha que se plasman en la almohada, las sábanas cómplices, se mueven al compás de las siluetas, el espejo mira con envidia. Pero acostumbrado. Quieto, mudo y fiel ante las noches de lujurias y embelezo.

         Pero una tarde, de no sé que día, como suele sucederles, el se asusta y ella acata. O respeta, y se escapa. Se levanta en la mañana, mientras duerme, lo cubre con la sábana, lo besa, se mira al espejo, toma su cartera, se pinta, se pone sus tacos de paso atrevido, y lo besa…Sabe que es la última vez: le susurra un te quiero cauteloso, y se marcha. Afuera el destiempo le dirá hacia dónde dirigirse.

         Más tarde, demasiado, él se despierta, no la encuentra, sólo en la habitación hay un espejo, y está llorando…

         Sólo quedan recuerdos, para ambos, las imágenes de siempre, el deseo y el amor intactos. Pasarán los años, volverá a gestarse algún encuentro. En aquella habitación, danzarán turbulentos cuerpos flacos, así ha sido toda la vida. En ocasiones, les resulta escaso, en otras demasiado. Y así, pasan los años.

El miedo y los prejuicios, los llevan clavados en el alma eternamente. A ella se le escapan en ciertas noches, cuando baila sola, por la cartera, y los guarda nuevamente, y saca sus armas. Y, él los ve todas las mañanas, al despertar, en el espejo, el de siempre, el memorioso. Que dicen, está rajado.

         CAROLINA FRANCO. – BS. AS. 11 MARZO 2010

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